SITUACIÓN
DEL ADULTO MAYOR
A nivel mundial la población
adulta mayor ha aumentado significativamente debido, principalmente, al aumento
de la esperanza de vida y la baja tasa de fecundidad. En América Latina y el Caribe
el promedio de edad en el 2005 era de 72,4 años y se espera que para el 2025 el
porcentaje de población mayor de 60 años sea de 14,25%.
De esta manera, se ha
podido observar que el aumento de dicha población está relacionado, como se
mencionaba, con el aumento de la esperanza de vida, es decir que durante los últimos
años los avances científicos, tecnológicos y las investigaciones médicas ha
contribuido a la disminución y control de enfermedades infecciosas y agudas,
ampliando así la cobertura de los sistemas de salud y las mejoras en las condiciones
sanitarias, lo que se une a un nuevo concepción del envejecimiento definido
como “envejecimiento saludable y activo”, que abarca los siguientes componentes:
duración de la vida, salud biológica y mental, eficacia cognitiva, competencia
social y productividad, control personal y satisfacción en la vida.
De esta manera, el envejecimiento
poblacional ha originado cambios no solo en la estructura social, económica y
cultural de cada país, sino también ha afectado las distintas áreas del adulto
mayor, llevando a que distinto países se cuestionen temas relacionados con el
trabajo y la jubilación, la calidad de vida, la salud, el involucra miento social y la búsqueda de la seguridad económica en las personas.
ESTUDIOS
REALIZADOS SOBRE PROGRAMAS DE INTERVENCIÓN EN ADULTOS MAYORES.
Durante los
últimos años, a causa del crecimiento de la población adulta, disciplinas como
psicología, medicina, gerontología, sociología, entre otras, se han preocupado
por estudiar diversas variables en esta etapa del ciclo vital y por contribuir
al desarrollo de teorías e instrumentos que permitan un acercamiento integral
al adulto mayor.
Específicamente,
en el caso de la psicología, se pretende que los psicólogos contribuyan con el
diseño de medidas fiables que permitan una evaluación y seguimiento de los programas
de intervención y que se preocupen por emplear estrategias que contribuyan al
cambio conductual y a la promoción y prevención de la enfermedad, optimizando
el proceso de adaptación con intervenciones que apunten a necesidades propias de
la población y del contexto familiar y social que lo rodea.
Se puede
observar que la mayoría de los estudios dirigen sus objetivos a medir la
eficacia de intervenciones psicológicas en relación con la salud del adulto
mayor, seguidas de investigaciones relacionadas con los cuidadores de estas
personas y de variables psicológicas como tal.
Con respecto al
estudio de las variables psicológicas se ha encontrado que el tema que más
prevalece es el de la calidad de vida del adulto mayor y el de depresión. Uno
de los estudios que hace referencia al primer tema se interesó por determinar
la efectividad de una intervención psicológica cognitivo-conductual para el
mejoramiento de la calidad de vida en viejos institucionalizados, y se trataron
áreas como autoestima, resignificación de la vejez, habilidades sociales,
manejo del tiempo libre y autocuidado, las cuales consideraron contribuían al
mejoramiento en la calidad de vida. Los resultados mostraron que, nuevamente,
la intervención cognitivo-conductual resulta efectiva; en este caso se logró un
cambio en la percepción de la calidad de vida, específicamente en lo relacionado
con el área física, psicológica y la autoestima.
PROPUESTA DE
PROGRAMA DE INTERVENCIÓN
PSICOLÓGICA
DIRIGIDO A ADULTOS MAYORES
Dentro de las
investigaciones realizadas sobre el adulto mayor se ha encontrado que los
programas de intervención no solo son necesarios, sino que han mostrado su
efectividad en las variables estudiadas, pues las herramientas psicológicas
contribuyen al “desarrollo y puesta en práctica de sistemas de evaluación y
programas de intervención” para hacer frente a los problemas comportamentales y
psicológicos de los adultos mayores.
Por tanto, el
psicólogo es el profesional idóneo, dotado del conocimiento y habilidades necesarias
para la elaboración de programas de intervención.
En este sentido
es importante, en primer lugar, hacer una distinción entre las debilidades-
fortalezas, oportunidades y amenazas de los programas de intervención en
adultos mayores. Entre las debilidades se pueden mencionar que los programas
solo cubren algunas áreas del adulto mayor, lo cual genera una visión
fragmentada del mismo, así como también el hecho de que no existan programas en
salud mental en los diferentes centros del adulto. Por su parte, entre las
fortalezas se encuentran que dichos programas, en la mayoría de los casos, son
apoyados por personal médico, asistencia sanitaria, terapia ocupacional, entre
otras, además de contribuir efectivamente al mejoramiento de la calidad de vida
del adulto. Debe tener en cuenta que las intervenciones tenderán a ser más
efectivas en la medida en que se abarque al adulto mayor desde su integralidad,
trabajando junto con otras disciplinas y teniendo un amplio conocimiento y contextualización
sobre estas personas; un programa de intervención debe estar basado en indicadores
biológicos, económicos, psicológicos y sociales ya que las inconsistencias se
deben a miradas subjetivas del adulto mayor.