sábado, 5 de octubre de 2013

ENFRENTAMIENTO DE LA MUERTE POR EL ADULTO MAYOR CON ENFERMEDAD TERMINAL

El adulto mayor posee cierto nivel de sabiduría producto de los años y experiencias vividas en diferentes momentos históricos y ambiente social y deseos de mantener su propia independencia mientras le sea posible. Las personas acumulan un caudal de experiencias, condiciones de salud y aptitudes. Por tales razones, el comportamiento y los niveles de funcionamiento son diferentes aún entre personas de la misma edad.
La muerte, a pesar de ser un hecho natural, es un tabú en la sociedad actual. El ser humano nace y su vida
toma forma, pero de repente un día todo se trunca, y ese día aparentemente igual a los demás, por enfermedad, accidente o en algunos casos por voluntad propia, la persona muere. Ésta constituye un acontecimiento especial en la vida; en muchos aspectos la muerte en la vejez presenta una cualidad diferente a la muerte de individuos de otras edades. En la persona mayor es menos trágica, parece más justa que en un joven donde la circunstancia de su muerte es probable que sea traumática, en cambio los ancianos moribundos aceptan el hecho de que la vida es finita y puede parecer algo natural.

Con frecuencia los enfermos moribundos atraviesan diversas fases descritas por Elizabeth Kubler-Ross: negación, agresividad, pacto, depresión y aceptación. El enfermo expresa su deseo de morir en cualquiera de estas fases, pero la experiencia demuestra que muchos de ellos reclaman la muerte en una fase de rebelión o desesperación, después cuando se sienten aliviados y acompañados, le encuentran significado a la última fase de su vida. Las denominadas manifestaciones psicológicas de la muerte, se observan en los distintos niveles de respuesta, aunque lo cognitivo, lo afectivo y lo conductual están tan interrelacionados y son tan interdependientes uno del otro que no siempre es posible hacer diferenciaciones exactas, pero resulta imprescindible hacer algunas particularizaciones para que los especialistas de geriatría puedan identificar indicadores de alteraciones psicológicas de la muerte en las personas ancianas.

Por lo cual en la investigación realizada podemos decir que se realizó un estudio descriptivo con el objetivo de conocer el comportamiento del enfrentamiento de la muerte por el adulto mayor en el área de salud del Policlínico Comunitario Docente “Rodolfo Ramírez Esquivel” de la Ciudad de Camagüey en el período comprendido desde enero de 2002 a enero de 2003.

La mayoría de las personas encuestadas mostraron mayor preocupación por la muerte interpersonal en un
57.69 %, es decir, la asociada con la partida del compañero, el amigo, amante, protector, familiar, padre o madre, mostraron mayor dolor y miedo a lo desconocido.

En donde en dichas investigaciones podemos decir Los estudios realizados acerca del tipo de afección psicológica según las dimensiones de la muerte coinciden con los resultados de la muestra. Cuando se llega a viejo y la compañera o el compañero nos abandonan para siempre, se inicia el proceso de duelo más doloroso que existe, pues deja una herida emocional inevitable. En este proceso la familia juega un papel muy importante y se convierte en fuente de apoyo, intimidad, compañía y consuelo, para que éste no se sienta solo.
Con respecto a las actitudes de las personas mayores frente a la muerte otros autores plantean que la actitud que cada cual adopta ante la muerte depende de las creencias religiosas, ya que éstas juegan un papel relevante en la influencia positiva, negativa o neutra en todas las personas al pensar en su propia muerte.

El ser humano está sometido a toda suerte de aprendizaje, a lo largo de su existencia, aprender a morir debería ser uno de ellos, ya que supone aprender a vivir intensamente. Quien aprende a morir es el que está vivo, y al hacerlo obtiene un beneficio. La conciencia de la muerte no supone necesariamente tener que asumirla como un factor negativo en todas las situaciones, sino ampliar el horizonte de autonomía de las personas. Hay que aprender, pues, a relacionarse con la muerte y aceptarla de forma vivencial.

Los cuidadores de personas con enfermedades terminales tienen tendencia a evitar que éstos realicen las
actividades habituales por miedo a la aparición de complicaciones.

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